Ante una situación como la que estamos viviendo entre los palestinos y los israelitas, el mundo no puede ni debe mantenerse al margen. Ver de un lado y de otro las pérdidas humanas, la inseguridad y todo lo que conlleva, son ya de por sí una catástrofe. Radicar posiciones, tomar partido de uno u otro bando por el simple hecho de ser árabe o judío tampoco nos va a ayudar a visualizar una solución.
Veamos superficialmente las posiciones de ambos, para que podamos entender en parte a cada uno de ellos. En el caso de los Israelitas, ellos están cansados de recibir una lluvia de cohetes que como primero y principal crea un caos, mata a civiles, dispersa a la ciudadanía y espanta a los turistas, la mayor fuente de ingreso de un país que carece de materias primas para la exportación. Al pasarnos al otro bando, vemos que unos cuantos, tratando de imponer ideas llamémoslas religiosas o políticas, quieren mantener un estado de guerra pues es el modo de conseguir fondos para ir expandiendo su ideología.
Mientras esto ha venido sucediendo, el pueblo palestino se ha visto forzado a quedarse impávido con los movimientos de sus dirigentes, (Hamas) el desconocimiento de lo que esto podría traer. La no visión de futuro y quizás hasta la misma manera de aceptar todo lo que imponga la fuerza, ahora vienen a cobrar ese craso error.
De parte de Israel, el panorama es distinto, éste posee por su insegura estabilidad en la zona una fuerza combatiente de primer orden, ya que para ellos significa su garantía a la sobrevivencia. Israel mantiene en su propio territorio a cientos de miles de palestinos que viven y trabajan dentro de él, permite que una población flotante pase todos los días como trabajadores y que a su vez lleven a su hogar las medicinas, alimentos u otros artículos que deseen. Ellos no tienen limitantes para trasladar lo que su dinero les permita adquirir. A mi manera de ver, pienso que Israel cometió errores que están pasando factura, el estado pudo haber colaborado un poco más con los palestinos, abriendo diversas y ventajosas empresas en el otro lado de la frontera. Ellos de haber querido con un monto insignificante de dinero, pudieron haber patrocinado suficientes industrias y empresas, mismas que hoy estarían en capacidad de dar trabajo en la misma franja a sus ciudadanos. Como segundo punto, y no considero deba ser este el orden, se debió invertir en la educación de los palestinos. Un pueblo educado, busca el desarrollo, un pueblo instruido no cree en “Cuentos de Callejas” un pueblo con recursos, no requiere de riesgos, y un pueblo amigo no tiene por qué permitir a unos extremistas que agredan a quienes les dan una mano.
Lamentablemente, los que hablan de estar tratando de ir en busca de la paz, desconocen que ésta no puede surgir de un solo lado, cuando hay dos pueblos en contra, debe haber algo común, algo meritorio por lo que se deba detener una guerra. La misma no se alcanza únicamente porque una de las partes es más o menos fuerte, más o menos poderosa, más o menos cercana a la razón. La guerra entre los pueblos requiere de un factor que no puede ser dejado de lado, y éste es nada más y nada menos que el orgullo, el sentimiento patriótico, la misma Biblia enseña que en un juicio se debe ayudar antes que al poseedor de la razón, al más débil.
Justificar en estos instantes a alguna de las partes conllevaría a hacerme cómplice de algo que no estoy de acuerdo, desconocer lo que sucede, sería indigno de mí, callar no puede de modo alguno servir de ayuda. Pienso que todos debemos tomar cartas en el asunto. Por un lado debemos forzar a Hamas a que detenga de inmediato sus cohetes, acto seguido debemos hacer lo mismo con Israel. Hacerle ver y que piense en los palestinos como un vecino vitalicio, al que se le debe ayudar hasta con una parte de su propio presupuesto en su recuperación y que se comprometa a preparar a esa pobre gente, no para la guerra, para una paz duradera, construida no con ideas racistas, costumbristas, políticas y mucho menos religiosas, se debe dar comienzo ya y de una vez a que se permita emerger una nueva necesidad humana, una visión positiva de un acto que no lleva ni llevará jamás a una paz real y definitiva mientras no se piense que nuestros vecinos, sin importar a cual de ellos nos estemos refiriendo, son nuestros hermanos más cercanos y que su felicidad, a corto plazo será la nuestra en definitiva.
Samuel Akinin
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